El día no me da de sí: ¿tienes una agenda complicada?

el día no me da de sí

El tiempo es la preocupación moderna que más metida tenemos entre ceja y ceja. Mientras que hace unas pocas décadas lo más importante era el dinero, hoy es el tiempo.

Los actores de cine cada día son más jóvenes, los deportistas aún no lucen barba y ya ganan medallas de oro y si no te has recorrido medio mundo parece como si no hubieses “aprovechado tu tiempo”; Mucho por hacer y muy poco tiempo. Así es normal que cada día escuchemos lo mismo: El día no me da de sí.

Trabajar, ocuparse de la familia, disfrutar del ocio, visitar a los amigos y hasta ver esa serie que tanto te gusta: todo son obligaciones y nos falta tiempo. ¿De verdad? El asunto del tiempo tiene a todo el mundo loco.

No quedas con esa buena amiga porque anda escasa de tiempo. Y hasta tu sobrina te dice que a ver si encuentra tiempo para enviarte aquellas fotos que le pediste. Y yo te pregunto, ¿por qué el día no te da de sí?

Obligaciones reales ¿o autoimpuestas?

Vivimos en el mundo de las obligaciones, y más ahora que nunca. La vida moderna nos hace tener mucho más en lo que participar, aquello de disfrutar de una tarde en casa o de un paseo por el parque es casi una rareza. Hay tantas cosas que se podrían hacer que nos imponemos más obligaciones encima que nunca y, debido a ello, no nos quedan momentos libres para dedicarnos a lo que nos gusta.

Si el día no te da de sí, en parte es por esta vorágine digital en la que vivimos inmersos. Ves en Facebook que hay un evento al que te han invitado. O que uno de tus amigos avisa del mejor método para cocinar esa receta que tanto te gusta. Eso nos da ideas para nuestro ocio, pero también nos pone nuevas obligaciones.

Lo primero que te digo es que pienses en esas obligaciones y reflexiones sobre si son necesarias. Mucha gente ha ido a lugares y ha gastado su dinero en actividades y eventos que ni les interesaban. Pero, claro, querían tener la foto y poder subirla a Facebook, cumpliendo así con la expectativa de terceras personas a las que queremos agradar o impresionar y sin pensar si realmente era eso lo que queríamos.

El día no me da de sí: dosifica tu vida digital

No penséis que le tengo manía a las redes sociales. Al contrario, soy muy activa en Facebook. Pero las herramientas digitales hay que tratarlas con cuidado, ya que son una máquina de perder tiempo.

Tenemos Internet en cada esquina, en el teléfono y en cualquier dispositivo. Eso nos debe hacer la vida más fácil -nunca fue tan sencillo comprar algo o hacer trámites-, pero no siempre es así. Vivimos tan conectados que cada mínima conversación distrae nuestra atención y no nos permite aprovechar el día de la manera que quisiéramos.

Por ejemplo, ya no disfrutamos de los ratos en soledad, que son magníficos para centrarnos y valorar qué es lo que realmente nos importa. Ni siquiera de cuando tenemos que descansar, porque nos llegan mensajes y correos constantemente. En lugar de mejorar nuestra forma de trabajar, trabajamos constantemente.

El hecho de estar constantemente interactuando con temas de trabajo nos hace tener la sensación de que no llegamos y que el día nos da de sí, cuando realmente es que no sabemos asignar prioridades y obviar esos comentarios y emails que podemos dejar para el día siguiente pero que, debido a la inmediatez con que los recibimos, parecen urgentes. Desconectar el teléfono es muy necesario.

La necesidad de una agenda

Cuando todo falla y ves que no puedes organizar tu tiempo, merece la pena tener una agenda. Incluso una de esas de papel que ya casi nadie usa. Gracias a ella, te verás obligado/a a asignar prioridades en tu día a día y aprenderás a posponer los temas que no son relevantes o urgentes.

Si te distraes con algo, lo eliminas de la rutina y respetas tus horarios al detalle. La hora de levantarse, la de ocuparse de las tareas familiares, los procesos laborales y también las obligaciones con el ocio. Una agenda siempre va bien.

El hecho de asignar prioridades también nos obliga a pensar en nuestros objetivos, ya sean a corto, medio o largo plazo. Cuando te gustaba un chico en la escuela -o ahora mismo-, ¿encontrabas tiempo para estar con él aunque estuvieses atareada al máximo? Seguro que sí. ¿Por qué? Por que tenías ante ti un objetivo tan poderoso para ti que eras capaz de ser más productivo o productiva en tus tareas y te olvidabas de las cosas superfluas.  Si eres de los que se repite siempre “el día no me da de sí” ¡es el momento de cambiar!

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